Siento rabia.
Mucha.
Es tan atroz, salvaje y primitivo ésto que siento por dentro, que me consume el alma.
Esta rabia tiene unas brutales ansias devoradoras; me está despedazando y duele.
Sus dentelladas desgarran mi espiritu arrancándole girones sin piedad.
Esos dientes astillados se hincan en mi interior y se alimentan de mi pathos.
Eso es lo que busca la rabia; se alimenta de mi sufrimiento.
Lo se porque la he visto.
Está agazapada en el fondo de mi pupila derecha; es horrible y enorme. ¿Cómo algo tan grande puede estar escondido ahí, en un sitio tan pequeño?
Es negra y de su repugnante piel brotan cuchillas oxidadas y cristales rotos. Sus garras estan clavadas en mi globo ocular.
Siento su mirada a través del espejo y me da miedo. Conozco esa mirada.
Es la mía.
Lloro aterrado.
Las lágrimas arrasan mi rostro.
Tengo ganas de gritar hasta sentir el sabor de la sangre en mi boca. Gritar hasta perder el conocimiento.
El corazón late desbocado por el miedo, la vista se me nubla.
La rabia va hacia el corazón y lo atenaza con su cola de alambre de espino lacerándolo.
Se mueve muy rápido y hace mucho mucho daño.
Creo que no habrá paz para mi y mi pobre alma esta noche.
Procuraré pensar en ella y vigilarla de cerca.
A lo mejor se siente sola. Intentaré hacerme su amigo y hablaré con ella para comprenderla. Tal vez me cuente algo que no sepa.
Le daré un beso de buenas noches aunque me corte los labios.
Espero que se duerma pronto.
Nos veremos pronto.
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