sábado, 30 de marzo de 2013

La puta mala educación

Esta entrada la escribo desde el movil. A ver que tal funciona la aplicación de Blogger para Android.
Vamos a ver, hoy he estado en la playa y me he dado cuenta de la mala educación de algunas personas y/o usuarios de la playa.
Entiendo que la playa es un espacio finito y en los días como hoy, un día de esos en los que el sol raja las piedras, el espacio es aún mas finito.
Pero gracias a dios, al gran arquitecto o a Mortadelo, en Gran Canaria tenemos un montonazo de playas. También gracias a ese mismo dios, tenemos un huevo de gente que quiere ir a las mismas playas.
Ahora bien, parece que ese dios se dejó la educación de algunos playeros en su nube o donde coño sea que viva.
Que huevazos tienes, macho.
Veréis, yo tengo un niño, tiene cinco años e intento criarlo y educarlo dentro de una sociedad de personas civilizadas y no de seres primitivos, procurando que sea respetuoso con el prójimo y todo eso. Y digo esto porque hay gente que tienen niños de más edad que el mío y que por lógica deberían ser más civilizados.
Pues fíjate que no.
A veces, como hoy, las ves llegar de lejos, se que suena a estereotipo, pero en serio, estás tranquilo con tu familia en tu metrito cuadrado que tanto te ha costado conseguir,cuando de repente, algo, no se, una mala sensación se apodera de ti. Tal vez es ese temblor que destruye tu castillo de arena de forma incomprensible o esa gélida ráfaga de brisa que trae consigo el olor de la guerra y que pone tu sombrilla del revés.
No se que es.
Lo cierto es que, como decía, ves venir a las tribus bárbaras de lejos. Parecen los Moradores de las arenas de Star Wars. Casi puedo ver los Banthas cargados de neveras y sombrillas arrastrando tras de si una nube de humo de porros y cigarrillos.
En ese momento, comienzas a rezar todo lo que recuerdas de tu primera comunión e incluso prometes poner velas a San Playero de la Incorrupta Toalla si esa gente no se pone cerca de ti.
Da igual lo que reces, sabes que te van a tocar cerca y te van a joder el día de playa, y por eso sabes que dios no existe o que pasa de ti ya que sólo te acuerdas de él en momentos desesperados.
Y entonces empieza la fiesta.
Tu metrito cuadrado comienza a llenarse de humo, de ruido, de chiquillos impertinentes que saltan por encima de tu toalla.
Ellos, los machos de la tribu, según llegan y descargan se largan a la orilla de la playa con sus tatuajes y sus cervecitas a mirar a las pibitas y a controlar la marea.
Ellas, las matriarcas, comienzan a joder la playa, clavando miles de colillas en la arena y dejando la playa hecha mierda, pero claro, no sin antes soltar a sus pequeñas y adorables bestezuelas para que jodan a todo bicho playero viviente.
Creo que si tuviera la oportunidad de ver la jugada desde un helicóptero sería como esa escena de un episodio de Los Simpsons en la que Hommer libera gas tóxico radiactivo sobre una plantación de maíz (millo en canarias) y deja un círculo seco y grisáceo.
Si, porque la gente tranquila comienza a ponerse de mala leche, a mosquearse con los chiquillos, que no tienen la culpa de tener como padres a los Moradores de las arenas, y al final se alejan o se van de la playa, con las consiguientes sonrisas de triunfo de las matriarcas que ya preparan las tortillas y ensaladillas para después echarse un binguito.
De verdad, la puta mala educación no es decir palabrotas; nuestro diccionario esta lleno de palabrotas geniales y que deben usarse. Como decían los Chanantes "Hijo de puta, hay que decirlo más"
No, la puta mala educación es dejar la playa hecha mierda y actuar como una puta plaga extraterrestre.

Y encima hoy me quemé la espalda.
Hay que joderse.

viernes, 29 de marzo de 2013

Presentación y declaración de intenciones

Hola.
Me gustaría poder decirte que estoy escribiendo estas líneas desde la trastienda de algún tugurio perdido en alguna ciudad de la India. Al lado de mi portátil habría una exótica bebida humeante cuyo intenso aroma a desconocidas especias inundaría la calurosa estancia. A través de los sucios cristales de la única ventana que habría en el espartano cuarto se filtrarían los rayos del ocaso haciendo que cientos de partículas brillasen como si de polvo de hadas se tratase.
Mientras escribo, una sonriente muchacha entraría sin llamar y me diría que mi equipaje y transporte esta listo, que ya sería hora de que partiese. Pero partir, ¿hacia donde?; me gustaría decirte que no me importa hacia donde, pues en realidad sería libre. 
Por desgracia, la cosa no es así.
En realidad, estas líneas las escribo desde un portátil, si, pero lo hago desde el salón de mi casa con el sonido de Moloch 11811 resonando en mi iPod. A mi lado únicamente hay una lata de CocaCola cuyo aroma no es especialmente embriagador y un par de libretas de apuntes. Es de noche, así que ninguna luz se filtra a través de las ventanas, sólo el frío brillo de la pantalla del portátil me ilumina. No espero que nadie sonriente me diga que he de partir hacia una desconocida aventura y por supuesto, NO, no soy libre. 
Soy un puto cautivo.
Y esto me lleva a la declaración de intenciones de esta nueva aventura.
Escribo esto para descargar mi frustración; me gustaría compartir, con quien quiera leerlas, mis experiencias en ésta triste cárcel europea de barrotes económicos que nos rodea a todos y cuya única y mejor virtud es que a la gente le importe un carajo su existencia y la existencia de los responsables que la crearon y la siguen alimentando día a día.
No se si es el agua adulterada que bebemos o la carne intoxicada que comemos, pero lo cierto es que todos sabemos que estamos con la mierda hasta el cuello y nadie hace nada por evitarlo. Ni siquiera yo, pero claro, ¿quien soy yo?. Un mindundi, un esclavo asalariado que trabaja como un cabrón por un mísero sueldo, pero si todos los mindundis de éste país nos uniésemos, tal vez podríamos hacer cosas interesantes. O tal vez no.
Me cabrea profundamente poner la radio por las mañanas y escuchar al radiostar de turno decir que el gobierno hace esto o que hace esto otro; que la prima de riesgo permanece estable, que el Ibex va para arriba, que el gobierno da casi por finalizada la crisis y bla, bla, bla... 
GILIPOLLECES.
La crisis se pudo haber acabado hace un año o dos pero los putos políticos no quieren que nos enteremos. Sí, se que esto puede sonar un poco conspiranóico pero, ¿y si de verdad fuese así?. Imaginad el escándalo. Bueno, a lo mejor el escándalo no duraría mucho; lo enmascararían entre la adorable estampa del nuevo osito panda del zoo de Nueva York y las tetas de las nuevas modelos de Victoria's Secret. Que asco de tele.
A veces me veo como el quiosquero del comic Watchmen; veo las cosas pasar, hablo de ellas pero no me muevo de mi esquina. Veo llegar la guerra, las plagas y el hambre, pero ahí sigo esperando la nueva remesa de comics y revistas que adormecerán a los clientes. En el fondo ese quiosquero con verborrea forma parte del engranaje y eso es lo que no quiero que pase conmigo.
Sin ir más lejos, el otro día mientras pedía un café para llevar en una cafetería, un tipo se sienta a mi lado y comienza a ojear el periódico de forma desesperada. Pasaba hojas y hojas desde el principio avanzando con rapidez hasta casi el final. Mientras, en la gigantesca tele LCD ponen la noticia de que el tipejo éste de Corea del norte, Kim Jong-un, creo que se llama, amenaza con un ataque termonuclear a los Estados Unidos. 
Yo flipo en colores con la noticia e inmediatamente en mi mente se forma la imagen del reloj del apocalipsis acercándose peligrosamente a la medianoche. Miro alrededor para ver la reacción de la gente de la cafetería y me quedo helado al comprobar que a la gente le importa un carajo. El que no está de palique con su colega hablando de el rally de El Corte Inglés, está medio dormido o intentando ligar con la camarera. El tipo que está a mi lado había llegado ya a la sección que buscaba con ansiedad, los deportes, cómo no, y la leía como si no hubiera mañana mientras le daba sorbos a su asqueroso carajillo. Sinceramente me sorprendió que semejante cateto supiera leer.
Vuelvo a las noticias a ver si consigo enterarme de cuanto nos queda de vida y de repente la imagen se va y aparece el dibujo de un altavoz sintonizando los 40 principales. Una de las camareras había cambiado con el mando a distancia dejándome perplejo.
No me molesté en pedirle que, por favor, volviera a sintonizar la cadena, para que, seguramente me habría mirado mal, cosa que me hubiese importado una mierda, pero la noticia ya habría acabado, dando paso al perrito chino que sabe montar en bicicleta.
En ese momento me dieron ganas de levantarme de la butaca y gritarles a todos si eran gilipollas. 
Seguramente me hubiesen pegado una paliza, había un puñado de tipos grandes allí, y para cuando hubiesen terminado conmigo y antes de que la ambulancia me llevase al hospital, una voz al oído me habría dicho: "Chico, no seas idiota. Claro que sabemos que estamos jodidos, pero... ¿que otra cosa podemos hacer?"
El café llegó, pagué el euro y me marche cabizbajo como si me hubiesen apalizado de verdad.

La vida se está convirtiendo en una puta mierda, más de lo que ya era, y aún vendrá algún capullo que dirá que ésto es lo que nos ha tocado vivir. 
Putos resignados.
Pues, ¿sabéis que?, yo me niego a ser un resignado cabizbajo que sale de una cafetería con un café de mierda que cuesta un euro y que sabe a corcho.
ME NIEGO.

Seguiré quejándome.