miércoles, 23 de julio de 2014

El Panóptico

Hola, ¿qué tal tu condena?
Yo estoy cumpliendo varias perpetuas así que de aquí no salgo vivo.
Que bonitos pensamientos tengo.
En fin...
Te voy a decir algo. A veces me agobio en esta puñetera cárcel.
Me siento tan vigilado.
Si, ya se que estoy encarcelado, pero coño, ya esto es suficiente condena como para encima tener todo el puto día un ojo sobre mí.
Vaya donde vaya hay una jodida cámara de vigilancia, y llámalo paranoia, pero siento que me están robando algo. Es curioso cómo cambia la gente de parecer. Hace tiempo no me importaba un carajo que esos ojos artificiales estuviesen ahí pero ya no, ahora si me importa.
No tengo nada que ocultar, de hecho, de momento todo lo que hago es legal o bordea peligrosamente la ilegalidad sin saltármela.
Voy por el patio de la prisión sin meterme con nadie y de buenas maneras, por eso no entiendo que tenga que ser vigilado constantemente sólo para prevenir posibles altercados.
Hace tiempo leí un libro en el que se ponía de manifiesto éste concepto: El Panóptico.
El panóptico era una cárcel que permitía a un único guardian observar a todos los habitantes del penal sin que estos pudieran saber si eran vigilados o no, con lo que el efecto que se producía en el recluso era la incertidumbre de saber si estaba bajo continua vigilancia.
Ello garantizaría el funcionamiento del poder (lease gobierno) de forma automática sin necesidad de que éste funcione de forma efectiva.
Para que nos entendamos: estado de miedo.
¿No os parece que vivimos así?
Vamos por el penal con una falsa sensación de seguridad porque pensamos que miles de esos ojitos de cristal nos custodian y protegen de los malos.
Y si eres un malvado te lo pensarás dos veces antes de cometer una fechoría.
La realidad es que dejamos de hacer cosas que supuestamente están mal o son reprobables porque alguien nos está vivilando.
O tal vez no.
Piénsalo y no permitas que te roben la libertad.

Seguimos en contacto

lunes, 21 de julio de 2014

En el patio...

Hola.
Ya no os acordábais de mi, ¿verdad?
Pues aquí estoy.
He salido del ala psiquiatrica y por suerte ya estoy mejor.
Las voces ya no me hablan.
Ahora yo les hablo a ellas y no me soportan.
Que se jodan.
Lo he pasado mal pero he trabajado para redescubrirme y sobrevivir con el feo caos que habita dentro de esta caja de calcio que tengo sobre el cuello.
En fin, estoy divagando...
Sólo quería deciros que he vuelto.
Nos vemos por el patio.